EN CUBA
EDITORIAL
Si es cierto lo que anuncian los despachos telegráficos, el
cabecilla cubano Rabí se ha levantado al frente de una partida contra la
dominación norteamericana en Cuba habiéndose extendido la insurrección a los
pueblos más importantes de Santiago de Cuba. También dicen que Máximo Gómez se propone embarcar en Santo Domingo para
la isla de Cuba y que Rius Rivera está levantando contra los yanquis a todo el
país.
¡Desgraciada isla y cuán cara su ingratitud para España! Caro le costó a
nuestra nación el abandono en que nuestros gobiernos tuvieron a aquella hermosa
Antilla, hasta hacer estallar la hoguera de la discordia que no lograron apagar
ríos de sangre; pero aquel odio cubano
hacia al pueblo español que no ha sido ciertamente el culpable de las desdichas
de la isla, pesa, por ser apasionado en injusto, como maldición divina sobre
aquella tierra que aún miramos con cariño. Con tal de destruirnos no tuvo el
cubano reparo en llamar en su auxilio al poder yanki, como tampoco le tuvo el
filipino, y sufren el látigo del
poderoso, que al igual de esas gentes enriquecidas que viven de la usura y no
prestan a los que en medio de la desesperación acuden a ellos sin asegurar un
lucro positivo a costa de la ruina de los auxiliados, no tuvo franqueza para
proclamar su ambición y tiene el cinismo para consumar el despojo disfrazado de
protección, que es el más irritante de los robos.
Es tan indigno y subleva de
tal suerte el abuso de la fuerza, que los que ayer fueron nuestros ingratos y
sangrientos enemigos contarán con nuestras simpatías en su lucha con el coloso
norteamericano, si la lucha estalla. Y esas simpatías serán tanto más
meritorias cuanto que al desinterés irá unida la mortificación dolorosa, que ha
de resultar para nosotros ver a los cubanos, como estamos viendo a los Boers,
sin ejércitos organizados, sin presupuestos fabulosos, sin cuadros de estado
mayor propios de grandes imperios, sin historia que llene las bocas y engendra
la inercia corrupta, obtener lucros y cuando menos honra y respetos universales
que nosotros ¡Ay! Ni siquiera supimos conquistar.
GENERAL JESÚS SABLÓN MORENO "RABÍ"
GENERAL MÁXIMO GÓMEZ
GENERAL JUAN RIUS RIVERA

EL CONDE DE AGRELA
El nombramiento del Sr. Conde de Agrela para una de las senadurías vitalicias ha producido entre los silveristas granadinos el natural regocijo de ver honrado a su jefe con una distinción que muchos hombres políticos anhelan y pocos logran alcanzar. Con este motivo se dirigieron ayer al Sr. Agrela numerosos telegramas de felicitación de sus correligionarios y amigos particulares, siendo también muy felicitado su hermano el exsenador del Reino D. Valentín. Deseamos que la estabilidad que a le representación política del Sr. Agrela proporciona el nombramiento con que el Gobierno le ha distinguido la autorice en favorecer los intereses de Granada y en evitar que esta provincia continúe siendo objeto de los desórdenes e injusticias del poder; y le ponga además en condiciones, de influir, con serenidad y alteza de miras, en los asuntos locales despojándolos del carácter mezquino, que generalmente revisten, haciendo que las luchas de los partidos se ennoblezcan, por la aspiración a un ideal generoso, impidiendo que, las pasiones personales sigan infiriendo agravios a los sentimientos de justicia y al buen régimen de la administración pública; siendo en fin, no un político de los que por acá se estilan sino tal como corresponde a la independencia de su posición, al criterio de imparcialidad y patriotismo en que seguramente procurará inspirar sus actos. Si así lo hiciera, merecerá el aplauso de todos los granadinos sin distinción de matices políticos y el parabién de todas las personas que desean ver dignificada nuestra política local.